Los llaman con frecuencia "los dueños de la calle" porque se valen de su tamaño para amedrentar a los otros. El que los desafía, termina mordiendo el polvo de la derrota. "No hay que meterse con los grandotes", aconsejaban las abuelas. Con frecuencia, los colectiveros se detienen en cualquier parte para levantar pasajeros como sucede en Avenida Sarmiento al 900.
Lejos del cordón
LA GACETA / ENRIQUE GALINDEZ